sábado, febrero 03, 2018

Peleando hasta el final

Todos los derechos de la imagen aquí empleada pertenecen al creador/creadora original, si lo/la conoces, por favor apóyalo/apóyala. La imagen fue tomada prestada de: http://konachan.com/post/show/259799

—¡Mueran, estúpidos alienígenas, mueran! —bramé, con cada disparo, a mis perseguidores. El olor a ceniza y acero a mi alrededor no hacía más que recordarme en lo que se había convertido el mundo. Continué huyendo y disparando, pero sin importar cuanto entrene, sin importar el equipo que utilizase, sin importar nada, mi cuerpo simplemente no era lo que alguna vez fue.

El mundo llegó a su fin y no pudimos hacer nada para evitarlo.

Cuando los alienígenas se revelaron ante la humanidad, la historia se desarrolló como en las películas de ciencia ficción. Primero inhabilitaron nuestra tecnología. Después diezmaron nuestra población con desastres naturales. Sólo para terminarnos con una enfermedad tan agresiva que fue imposible crear ningún medicamento para contrarrestarla.

Sin embargo, hasta ahí llegó la similitud.

Lo que ocurrió después, no lo he terminado de procesar. Hay cientos de pistas, miles de piezas, pero simplemente no he logrado armar el rompecabezas aun.

La razón, ellos pudieron hacer lo que quisieran con nosotros. Esclavizarnos, usarnos para acabarnos entre nosotros, robar nuestros cuerpos, lavar nuestros cerebros, cualquier cosa; sin embargo, lo que en verdad sucedió fue tan surrealista, que simplemente no soy capaz de comprenderlo o aceptarlo.

Nos capturaron. Uno a uno, comenzaron a capturar a los sobrevivientes que se había dispersado y ocultado a lo largo y ancho del mundo. Y mientras éramos transportados en aquellas naves como prisioneros, honestamente pensé que era el fin.

Pero no fue así.

Fuimos colocados en celdas individuales. Sin ventanas, sin compañeros, sin ruido, sin aromas, y bajo una intensa y constante luz blanca, en una prisión tan blanca e impecable que, más que una prisión, daba la idea de un cuarto de aislamiento biológico.

El tiempo se detuvo bajo aquellas condiciones. Mi mente comenzó a fugarse de mi cuerpo, más y más, con cada día que pasaba. Era una locura.

Mas cuando mi turno llegó, increíblemente, logré salir de mi sopor e intenté arremeter contra mis captores, simples marionetas de metal controladas a distancia por seres que conocería después.

Mi resistencia fue banal y pronto me encontré sometido y transportado a una nueva habitación. Ahí fui desnudado y colocado dentro de una extraña capsula. No sé cuantas veces intenté romper el cristal de la puerta, pero conforme mis escazas fuerzas se desvanecían, la capsula comenzó a llenarse de un extraño liquido, que pronto me dejó totalmente sumergido.

Peleé por contener la respiración, peleé por seguir con vida, pero al final, aquel extraño liquidó entró a través de mi garganta hasta mis pulmones. Fue una sensación horrible. La opresión y el dolor en mi pecho pronto sofocaron mi mente y antes de darme cuenta me había rendido al dulce abrazo de la muerte.

No se por cuanto tiempo permanecí sumergido en la tibia y apacible oscuridad. No se por cuanto tiempo mi mente y mi cuerpo permanecieron separados. Pero lo que es seguro es que mi abrupto despertar fue como nacer de nuevo.

Tenia frío y me era difícil respirar. La luz me segaba y aunque instintivamente desea huir, mi cuerpo simplemente no respondía. Volteé en todas direcciones, pero mis ojos no lograron enfocar nada, salvo luz y oscuras siluetas recortadas en la misma. Seguí inhalando, luchando por respirar. Entré en pánico, seguí deslizándome por el frío suelo hasta una pared, donde terminé vomitando. Respiré al fin el frío aire de la habitación, sólo para toser y vomitar más, y justo cuando pude sentir mi pulmones llenándose como antes de la oscuridad, me desmayé exhausto.

Cuando desperté me encontré en una habitación que me resultaba extrañamente familiar, no porque alguna vez hubiese estado en ella, si no porque era simplemente una habitación normal.

Estaba en un hospital como cualquier otro en el mundo antes de la invasión.

—Ya veo, así que todo fue un sueño, —musité para mi antes de dejarme vencer nuevamente por el sueño.

A partir de ese momento, mi mente sucumbió a la fatiga causada por lo que en ese momento creí sólo había sido una muy mala y terrible pesadilla.

Era una fresca mañana de primavera. El sol brillaba fuera del hospital y la fría briza entraba por la ventana junto al canto de los pajarillos que, como si nada hubiese cambiado, seguían sus vidas sin más.

—Parece que por fin logró despertar —declaró una hermosa doctora al notarme viendo en dirección a la ventana sin sucumbir al cansancio segundos después.

—¿Cuánto tiempo estuve dormido? —pregunté sin fuerzas, mas aun en ese estado noté lo suave, frágil y agudo de mi voz.

—Casi tres mese —me informó ella, mientras revisaba mi pulso—. De hecho comenzaba preocuparnos —agregó sacando una lamparilla de su bolsillo para revisar la reacción de mis pupilas—, después de todo, es raro que una persona permanezca inconsciente por más de un mes después de la reconstrucción física. Aunque tenemos casos confirmados de personas que despiertan mucho después sin presentar problema alguno de salud. El actual record es de seis mese —bromeó terminando la revisión.

—¿Te-Tres meses…? ¿Re–reconstrucción física…? —repetí intentando comprender—. ¿Tan… grave fue lo que me mandó aquí?

—Cierto… —declaró la doctora como recordando algo. Tras lo cual, permaneció pensativa, turbada por su propia reflexión antes de suspirar pesadamente y voltear a verme—. El mundo ya no es lo que era antes —declaró mientras sacaba un pequeño espejo de su bolsillo, el cual me entregó—. Generalmente les pedimos a los pacientes que no entren en pánico, pero… Es mejor que veas tu misma la realidad —concluyó indicándome con la mano que viera mi reflejo.

Mis ojos se abrieron de par en par. ¿Cómo no iba a ser así?

Ante mi, en aquel pequeño objeto tan mundano y familiar, el mundo dio un giro de ciento ochenta grados.

Ojos grandes color avellana, largas pestañas, una pequeña nariz, hermosos pómulos, labios seductores y piel de leche, todo enmarcado por un sedoso cabello color chocolate.

Me quedé sin habla. Mire una, mire dos y tres veces, el reflejo nunca cambio. Pasé mi nueva mano, pequeña y delicada por mi nuevo rostro. Estaba atónito. Y aunque no tenía energías, me deshice de la sabana e investigué bajo la bata que cubría mi cuerpo. Los más obvio fue el enorme busto que ahora colgaba de mi pecho. Los sentí, los apreté, sentí su peso y calor, incluso pellizqué mis ahora prominentes pezones, eran reales. Después, tragando saliva, levanté la parte baja de la bata, exponiendo primero unas largas y hermosas piernas como las de las modelos que figuraban en las paginas centrales de tantas revistas para hombres. Y por fin revisé.

Nada.

No quedaba rastro alguno de quien fuera antes.

Puse mis manos en mi pecho sintiendo mi respiración y el latir de mi corazón, mientras sudor frío bañaba mi rostro. Volteé a ver a la doctora y ella sólo asintió, respondiendo a la pregunta que no pude formular.

—¿Có-cómo…? —balbuceé.

Sin entrar en detalles, por alguna razón los alienígenas habían transformado a todos los sobrevivientes en hermosas y jóvenes mujeres. Incluso las mujeres de nacimiento habían sido modificas de alguna forma. Tras lo cual fuimos colocados en un tipo de ciudad santuario.

Mi mente quedó en blanco ante esta nueva realidad.

La rehabilitación y terapia psicológica me ayudaron a lidiar con mis emociones y nuevo físico, a pesar de que no brindaron respuesta alguna sobre los motivos o razones tras la decisión de los invasores de feminizar el planeta.

Fue extraño salir al mundo exterior por primera vez. La ciudad era resplandeciente. Honestamente, era casi la fotografía perfecta de una utopía en términos de limpieza y aparente prosperidad. Sin embargo, las habitantes, todas hermosas mujeres, eran en cierta medida un reflejo de lo que fuesen antes de ser modificadas y colocadas en esta granja de hormigas constantemente vigilada por ojos invisibles.

Caminé por la calle siguiendo las instrucciones que la doctora me había indicado. Al parecer toda la información que debían recibir las recién llegadas, era entregada al hospital cuando estas eran enviadas desde las instalaciones donde habían sido transformadas.

Me sentía incomodo caminando por la calle vistiendo un ligero y holgado vestido blanco que acentuaba mi figura. La briza colándose por debajo de mi falda me recordaba constantemente que ahora era una mujer.

Y supongo que fue entonces que cambié mi forma de pensar de mi misma.

El recorrido hacia el apartamento que me había sido asignado fue pintoresco. Como dije, las habitantes de la ciudad eran un reflejo de lo que habían sido antes de ser feminizadas. Había mujeres policías, oficinistas, mujeres cuidando de niñas pequeñas y chicas pasando el rato. Al parecer la edad de los sobrevivientes fue respetada hasta un máximo de cuarenta años, las menores de diecisiete asignadas a una familia sustituta.

Pude ver mujeres en ropa de trabajo entrando a áreas en construcción. Vi también técnicas arreglando cableado telefónico. Me topé con vendedoras de carros usados y otras con ropa de sacerdotes. Vi mujeres que no tenían vergüenza de mostrar los exuberantes cuerpos que les habían sido otorgados y otras que si no fuera por los marcado atributos femeninos, bien podrían ser casanovas o príncipes como los de las novelas románticas que tanto gustaban a las mujeres antes y después de la feminización alienígena. Vi chicas tímidas, rudas, alegres, de todas las razas, culturas y profesiones. Pero lo que jamás vi fue a una mendigando o algo similar.

El impacto de esa caminata me hizo pensar por un segundo que aquel resultado tal vez no fuese tan malo. Y temo decir que aun pienso lo mismo.

Mas para este punto, te preguntaras: ¿Por qué peleo? ¿Por qué me opongo a algo que en realidad no parece tan malo?

Fue un año después de que me uní a la nueva sociedad.

Las personas son personas, por lo que cuando encendía el televisor y sintonizaba las noticias, inmediatamente se escuchaba acerca de algún robo aquí, un accidente allá, o una pelea por acullá.
Acababa de tomar un baño. Obviamente para ese entonces ya me había acostumbrado a mi nuevo cuerpo.

No quiero salirme mucho del tema, pero el recuerdo de mi primer baño se arraigó en mi sobremanera. La tibieza del agua recorriendo mi suave piel, abriendo cada poro, estimulando cada corpúsculo, amplificando cada roce de mi mano sobre la misma. Aquella vez recorrí cada centímetro de mi nuevo ser lentamente, disfrutando aquel ininteligible flujo de estímulos llegando a mi cerebro desde zonas que no sabía que podían ser tan erógenas. Obviamente mis pezones se sensibilizaron tras es primer acercamiento con mi nuevo cuerpo, por lo que no tardé mucho en comenzar a estimularlos y a borrar de mi mente cualquier cosa que no fuera el placer de aquel momento tan intimo conmigo misma bajo el agua de la bañera.

Mi cuerpo me pidió más e intenté dárselo, pero estimular mi interior requirió de algo de practica. Disfruté de largos y múltiples momentos de éxtasis antes de pasar a utilizar juguetes para adultos.
Como dije, los humanos son humanos, y la nueva sociedad ya los había demandado antes de que yo fuera feminizado, por lo que me fue fácil adquirirlos cuando finalmente quise llegar más lejos.

Apagué el televisor apenas sonó el teléfono, a sabiendas de que sería más fácil secar mi cabello en mi cuarto que en la sala.

—¿Bueno? —contesté la llamada nocturna.

—Buenas noches —me contestó una alegre voz al otro lado del auricular—. ¿Hablo con la señorita…?

Esa llamada es el parte aguas de mi historia.

Como también dije, hay muchas teoría acerca de porque los alienígenas feminizaron a la humanidad. Pero la más aceptada tenía que ver con el contenido de la llamada que recibí esa noche.

A la mañana siguiente, me arreglé como si fuera a una entrevista de trabajo: saco formal, falda de tubo, blusa lisa y tacones no muy altos, maquillaje ligero, y el cabello prolijo y recogido en un chongo. Salí temprano, como me lo solicitaron, y el automóvil que me llevaría a mi destino ya estaba esperándome.

Fui llevada al edificio más alto de la ciudad y rápidamente transportada a una habitación extraña, donde se me informó lo que estaba por ocurrir.

No había mujer en la ciudad que no fuera a pasar por dicha experiencia al menos una vez en su vida. Y hasta ese momento, a todas las que conocía, que ya lo habían experimentado, estaban de acuerdo en que, aunque era aterrador, era sin lugar a dudas la mejor experiencia de sus vidas y que estaban dispuestas a pasar por ello nuevamente.

Fui llevada a un vestidor, donde se me pidió desvestirme y quitarme el maquillaje. Después fui conducida a una sala de esterilización UV.

Después de tanto pelear, las pocas rebeldes que existen en este mundo casi utópico, descubrimos que tanta limpieza no está relacionada con los propios alienígenas y su sistema inmune, simplemente es una precaución para lo que sucedería en la habitación a la que fui llevada después.

Oscura, fría y húmeda, estaba desnuda y completamente sola en aquella habitación, o eso creí.

Mis ojos tardaron en acostumbrarse a la escasa luz, pero cuando lo hicieron, se abrieron de par en par.

Ahí, justo frente a mi, se erguía uno de los causantes de la destrucción de la antigua civilización humana y el nacimiento de la nueva sociedad femenina sobre la que ellos gobernaban.

Tragué saliva nerviosa y me presenté. Me acerqué a aquel ser y…

Es difícil describirlo. Mi estomago aun se revuelve cuando pienso en ello, más aun cuando no puedo negar que el hecho mismo es sublimemente alucinante.

Los tentáculos de aquel ser recorrieron mi piel provocando en mi la misma descarga de placer y curiosidad que me provocó la primera vez que exploré mi nuevo cuerpo. La viscosa mucosidad que recubría sus flexibles extremidades era tibia. Sentí un escalofrío como jamás lo había sentido, una descarga eléctrica recorriendo mi espalda y erizando cada bello de mi cuerpo hasta el punto en que no pude contener el gemido que escapó de mi garganta.

Uno, cinco, diez, realmente no se cuantos tentáculos me envolvieron poco a poco, cada uno estimulando algún punto erógeno en mi cuerpo. Unos masajearon alrededor de mi enorme busto, otros lo hicieron en los ligamentos que los mantienen firmes y levantados, otros relajaron los músculos de la espalda que soportan el peso. Otros más se enfocaron en las piernas y muslos, otros más pequeños envolvieron mis dedos, manos y pies. Las succión de las ventosas no sólo no era agresiva, si no que era como estar recibiendo cientos de dulces y gentiles besos por todo el cuerpo al mismo tiempo.

Mi mente comenzó a perderse en la excitación. Recuerdo la saliva escurriendo por mi boca, al no poder cerrarla. Recuerdo mi vista nublándose cuando aquellos tentáculos se enfocaron en puntos más comunes, como los pechos, los pezones, los lóbulos de las orejas, el ombligo, el trasero, la entrepierna y obviamente la vulva.

Mi corazón latía con fuerza, pero mi respiración se mantenía relativamente serena, tal vez por el ritmo controlado de cada aproximación. Mis músculos convulsionaban ante el flujo incesante de estímulos que me impedían dejar de gemir. El calor de mi cuerpo me llevó a sudar hasta el punto en que no podía distinguir mi sudor de la mucosidad de aquel ser.

El ritmo de aquel encuentro se aceleró poco a poco. Y en algún momento, uno de los tentáculos se posó frente a mi rostro, acaricio mis mejillas y labios y antes de darme cuenta ya lo había introducido en mi boca con mis propias manos. Suave, pero firme, salado y ardiente, pero igualmente dulce y refrescante. Mi mente estaba en fuga. Lo lamí, lo saboreé, lo introduje en mi boca incontables veces y no dejé de hacerlo hasta que nuestro encuentro llegó a su clímax.

Vi el cielo. No puedo describirlo de otra forma. Justo en el instante en que mi cuerpo alcanzó el pique de su sensibilidad, el alienígena introdujo uno de sus tentáculo dentro de mi y mi mente quedó en blanco.

No se cuantas veces me masturbe, no se cuantos juguetes me introduje sola o con parejas casuales desde que me convertí en mujer, pero puedo afirmar que nada podía compararse a la descarga de aquella penetración. Aquel orgasmo sobrepasó con creces a los que el resto de la estimulación previa causaran en mi.

Literalmente mi mente dejó de funcionar y por un instante interminable lo único que pude sentir fue felicidad.

Cuando desperté de aquel trance, me encontré en la misma cama de hospital en la que desperté al nuevo mundo.

—Felicidades —me dio la bienvenida la misma doctora que me ayudó a aceptar mi nueva realidad.

—¿Felicidades? ¿Por…? —recordé todo en ese instante y un escalofrío recorrió mi cuerpo—. ¿E-entones?

—Así es. Míralo tu misma.

Me quedé sin habla al ver el monitor. El sonograma mostraba el huevo que había sido implantado en mi.

Ser inseminada con un huevo alienígena, no es diferente de ser inseminada con un bebe para la reproducción humana.

En cierto sentido, me sentí feliz de convertirme en la madre en un alíen. O eso pensé hasta que lo di a luz.

Fue horrible. La razón por la que lo digo es porque pertenezco a ese escaso numero de personas a las que la anestesia no logra dormir por completo. Cuando vi lo que salió de mi… Me desmayé.

Estuve en cama por días, renuente a salir de mi departamento. Se me diagnosticó con depresión postparto agravada por la “perdida del bebé”. Obviamente no se referían a la muerte de aquella cosa cuando decían “perdida”. Qué más hubiese deseado que se refirieran a eso. Pero en este caso se referían simplemente a la imposibilidad de satisfacer el deseo de una madre de estar con su bebe.

Comencé a vivir como un parásito de la sociedad. Las amigas que hice en el lapso de un año intentaron animarme. Y las que habían pasado por lo mismo, me sugirieron que convertirme en madre de una niña humana me ayudaría a superarlo.

Quedé asqueada de la realidad en la que ahora vivía. La supuesta utopía en la que vivíamos no era más que una forma de mantener felices y controladas a las incubadoras vivientes de aquellos seres del infierno.

Pensé en suicidarme, pero llámenlo destino o suerte,  justo el día en que pensaba hacerlo la conocí.
—¿Qué-qué deseas? —tartamudeé apuntando con el cuchillo que pensaba utilizar para cortarme las venas a la mujer que entró a mi apartamento sin más—. Llévate lo que quieras, pero…

¿Cómo explicarlo? No es que temiera que me hiciera daño, después de todo, yo misma estaba por quitarme la vida. Sin embargo, su sorpresiva entrada en mi departamento justo en ese instante, me sacó de mi insípido estupor.

—¡Oh! Qué valiente —comentó sin más, caminado desde la entrada hasta el sofá donde no dudó en tomar asiento—. Eso me gusta. ¿No te dije que sentía que tendríamos suerte si veníamos a revisar?

—No cantes victoria toda vía —comentó una segunda chica entrando tras ella cerrando la puerta.

—¿Qui-quiénes son usted? —pregunté asustada.

—¿Los viste, no es así?

—¿Eh?

—Lo que nos implantan esas cosas, las larvas que se desarrollan en los vientre de las mujeres a las que les implantan esos huevos. ¿Me equivoco?

Quedé helada. Pude sentir la sangre abandonando mi cabeza conforme mi corazón se aceleraba por el miedo.

—¿Qui-quiénes son?

—Podrías decir que las mujeres que despertaron del sueño alienígena y ahora quieren pelear.
Una resistencia, nuevamente un argumento de película, pero supongo que la ficción se basa en la realidad, la realidad de que las personas que no aceptan el sistema que les fue impuesto sin su conocimiento se levantaran y pelearán para intentar cambiarlo.

Y así es como terminé aquí, utilizando un traje futurista que, aunque muestra mucha piel, me permite hacer frente a las marionetas de aquellos seres. Peleando para sacar la furia que sentí al ver a esa cosa salir de mi interior, y la frustración de haber disfrutado de la ilusión y el placer. Pero más que todo, luchando por saber que no estoy resignándome al destino que intentaron escribir para mi.

Tal vez lo que hacemos es inútil, tal vez no podremos cambiar el nuevo orden del mundo; sin embargo, no nos detendremos, no nos rendiremos y seguiremos peleando hasta el final.


FIN

· · ·

Bueno, espero que les haya gustado mi nueva historia corta.
Por favor no olviden calificarla y
siempre se agradece un comentario que ayude a mantener el ritmo y mejorar.

Hasta la siguiente ocasión.
(^ ^)/


7 comentarios:

  1. Hiciste desde mi punto de vista una muy interesante historia. No me duro mucho leerla ya que me engancho, estoy ansioso de ver como seran tus siguientes trabajos.

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    1. Muchas gracias por el comentario, me hizo el día.

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  2. Me gustan bastante tus historia tienen ese sentimiento de realismo que me fascina

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  3. Está buena el fanfiction para variar

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    Respuestas
    1. "Fanfiction"? Si bien la imagen es de la serie "Gantz"… La historia es original, ¿sabes? (^^;)

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