domingo, febrero 18, 2018

El Regreso del Rey Demonio

Bueno, la aventura de hoy es una de fantasía, espero les guste.

* * *

Han pasado más de quinientos años desde que fui derrotado por aquel grupo de guerreros que, como representantes de las siete razas que pueblan el mundo junto a la raza de los demonios, se levantaron en mi contra para detener mi avance sobre el mundo.

Sin embargo, aunque fui derrotado, no fui vencido.

Siete vidas fueron entregadas para erguir una prisión para mi alma, que despojada de su cubierta física, no podía interactuar más con el mundo de los vivos.

Mas como era de esperarse, siete débiles almas mortales, no pudieron contenerme en el vació eternamente.

El sello se rompió al cabo de algunas eras, tras lo cual fui libre de moverme nuevamente por el mundo que por derecho me correspondía gobernar. Pero, en mi condición de espíritu vagabundo, lo único que podía hacer era deambular como un observador, una sombra de lo que antes fue el hombre más temido del mundo, el Gran Rey Demonio Alastor Kirshen.

Continué observando el mundo en mi condición de espíritu, reuniendo inteligencia y restaurando mi poder poco a poco.

El mundo había cambiado, las siete razas que alguna vez habían supuesto una amenaza para mi poderío, no eran ya ni la sombra de lo que habían sido. Debilitadas por la paz en algunos cazos, corrompidas por su propia avaricia y deseo de poder en otros. Era para reír.

Sin embargo, mis súbditos, sin un líder, eran ahora esclavos de las otras razas. Maltratados, despreciados y despojados de cualquier valor como seres vivos.

Era doloroso de ver.

«Me levantare y de entre las cenizas restituiré su grandeza a la raza de los demonios que, por mi mano, gobernará a las otras razas, como siempre ha sido su destino» juré para mi mismo.

Continué caminando como una sombra, un viento helado que despojaba de vida a campos, bosques y cualquier lugar en que un espíritu pudiera corromper. Así, en un mundo que también había perdido tiempo atrás a sus grandes espiritista, chamanes, sacerdotes y exorcistas, por fin logré tomar forma física.

Mi condición era menos que inútil, un cuerpo amorfo y débil. La forma física que mi alma tomó no era más que la representación deforme del miedo a lo desconocido que las personas esconden en sus corazones. Sin embargo, aunque no era útil para pelear, el miedo que provocaba mi retorcida apariencia me permitía alimentarme de los temores de las personas que tenían la desgracia de cruzarse en mi camino.

Mi poder comenzó a crecer, pero nunca lo suficiente para restaurar mi antiguo cuerpo.

Fue entonces cuando, me di cuenta de que tendría en encontrar un nuevo receptáculo para poder habitar nuevamente el mundo de los vivos.

El mundo era basto y las opciones casi incontables.

Así fue como comencé.

Mi primera opción fue un joven de la raza a la que originalmente pertenecí. Los demonios cornados de piel azul solían destacarse por su increíble fuerza física y gran capacidad mágica. Pero la horrible verdad es que al tomar posesión de su cuerpo, me di cuenta de lo mucho que había decaído la raza de los demonios. Sólo cinco minutos después de haber tomado el control, el cuerpo comenzó a corroerse y decaer, incapaz de contener mi gran poder dentro de él.

Sólo pude suspirar con frustración al entender la realidad del mundo en el que me encontraba.
Mi siguiente y la siguiente a esa y la posterior, todas terminaron en fracaso. La raza de los demonios, antes tan poderosa, era ahora incapaz de proveerme de un contenedor capaz de soportar mi gran poder.

Inclusos los vampiros, reyes de la noche, y los lich, magos de la muerte, probaron ser inútiles para mis propósitos.

Resignado y encolerizado por la humillación, no me quedó otra opción que recurrir a los hijos de las razas que alguna vez intenté dominar.

Mi segunda opción fue reconfirmada por el fracaso de mi tercera idea: forjar un cuerpo manipulando y modificando el cuerpo de más demonios con alquimia, mezclándolos con bestias de la envergadura de trolls gigantes, krakens, grifoleos e incluso dragones.

Cada fracaso, retrasó mi regreso un par de años, pero me permitió dominar el arte de la posesión y perfeccionó mi control sobre mi propio poder.

Una vez que restauré mi poder, tras mi último fracaso, dirigí mi atención a los poderosos hombres bestia, una raza de robustos guerreros cuya apariencia difería de los demonios sólo por su tez de color humano. Brazos y piernas fuertes con pelaje animal, cola y orejas que los remitían a las bestias de las que habían evolucionado, y un gran fuerza física capaz de ofrecer pelea a los ejércitos que alguna vez comandé.

El resultado fue relativamente favorable, aunque no exitoso. Su fuerza física era propicia para liberar parte de mi poder. Al menos hasta que intentaba utilizar magia. Cada cuerpo que poseí se corroyó al instante cuando intenté utilizar mi poder mágico. La poca afinidad mágica de los hombres bestia resultó un contratiempo.

Mas debo decir que fue gracias a esta raza que logré expandir mis horizontes. Las mujeres de la raza de los hombres bestia tenía mayor afinidad a la magia que sus varones, y consiente de eso, me decidí a no limitar mis opciones por el genero del posible recipiente.

Mi atención pasó entonces a la raza de los enanos, los grandes artesanos cuya fuerza es sólo opacada por los hombres bestia, y cuya afinidad mágica queda plasmada en sus trabajos con metal encantado.
Otro fracaso.

Proseguí entonces a buscar un contenedor entre la llamada raza mágica. Una raza con la que alguna vez consideré formar una alianza. Su apariencia casi humana les permite interactuar con los humanos. Su única característica distintiva son los hermosos colores de sus cabelleras: rojos rubí, azules zafiro, verdes esmeralda, morados amatista y rosados como el de la turmalina que podías ver en las joyas de las damas de mi corte.

Sin embargo, es la presencia de algunas sub-razas con cuernos o colas lo que les ha impedido también el lograr mezclarse del todo con los humanos, pues estos siempre han despreciado dichas características, considerándolas una característica demoniaca.

Este desprecio fue la piedra angular en mi intento por reclutarlos, pero dado que los individuos con estas características son, como dije, escasos, mi intento fue poco fructífero en aquella ocasión.

Mas regresando al presente, los miembros de la raza mágica tienen otras dos características físicas importantes: su alta afinidad mágica y su longevidad, ambas opacadas únicamente por la raza del bosque. Además, con el suficiente entrenamiento, varios individuos probaron ser dignos guerreros en el campo de batalla gracias al control del “Töki”, una variación del control del flujo de magia en el cuerpo empleada para fortalecer y aumentar las capacidades físicas del cuerpo para el combate cuerpo a cuerpo.

En muchos sentidos siempre los consideré la segunda raza más fuerte del mundo, por debajo de los demonios. Sin embargo, a causa de la relativa paz imperante en el mundo, desde mi derrota, hoy día no existían más guerreros, ni siquiera entre los aventureros, capaces de emplear el Töki como en los días de la gran guerra. Es por ello que los relegué a mi tercera opción, pues como preví no pude encontrar individuos capaces de soportar mi fuerza física innata.

Mi siguiente opción fue buscar entre la raza del bosque, los domadores de los espíritus de la naturaleza, la raza de orejas largas y piel de luz, los elfos. Honestamente, su afinidad con la mágica y su longevidad son incomparables, mas su afinidad hacía la magia de luz y su poca resistencia física, en términos de fuerza bruta, los convierte en el perfecto opuesto a los hombres bestia. Incluso su forma de ver del mundo es opuesta, la pacifica y reflexiva cultura del bosque se contrapone directamente con la relajada y directa aproximación muscular de los descendientes de las grandes bestias de la antigüedad. Lo que trato de decir es que en cuanto intentaba hacerme con el cuerpo de algún elfo, este moría asfixiado por mi gran energía física.

Después del deprimente resultado, acepté buscar individuos entre los medianos, la raza de los caminantes que, sino fuera por su longevidad capaz de duplicar la de los humanos, serían simplemente humanos a escala.

El resultado fue obvio.

Reconsideré mis opciones y antes de acercarme a las razas faltantes repetí mis experimentos alquímicos con las razas antes mencionadas. Mi mejor resultado fue al mezclar a una mujer de raza mágica con un dragón. Pero el experimento terminó con la corrosión del cuerpo justo cuando liberé mi poder por arriba del treinta por ciento.

Incapaz de aceptar los resultados de mis experimentos, proseguí a intentar crear un cuerpo apto para mi usando mis poderes para modificar la semilla depositada en el vientre de distintas mujeres de distintas razas.

Reencarnarme fue imposible, incluso mi mejor experimento, un niño mitad bestia – mitad elfo, potenciado con mi poder y engendrado con un fragmento de mi propia alma, fue incapaz de aceptar la totalidad de mi poder antes de morir en la cúspide de su juventud.

Sin más opciones, visité a la raza del cielo, los descendientes más cercanos a los dioses que dieron forma a este mundo, los flügel.

Cuerpos humanos enmarcados por resplandecientes alas de un color blanco puro bañado por la luz de la magia divina, los flügle, son básicamente el opuesto directo a los demonios.

Su poder no había menguado desde la última gran guerra, más no así su número. La población de flügel había menguado visiblemente desde que fui encerrado en la oscuridad del vacío.

La oportunidad que este hecho presentaba me alegró sobremanera. Si lograba corromper y hacerme con el cuerpo de algún flügel habría pocas posibilidades de que su pequeña población pudiese ofrecer resistencia alguna contra mi segundo levantamiento por la conquista de este mundo.

Cada intentó fue doloroso y requirió de una gran preparación para imponerme por sobre el poder sagrado que corre por las venas de la raza del cielo.

Los frutos de mi esfuerzo fueron mejores de lo que esperaba, mas ninguno fue un verdadero excito. Los cadáveres de varios flügel con alas teñidas de negro presenciaron mi mejor resultado, una flügel con alas de un resplandeciente negro azabache. Fuerza física, vitalidad, afinidad mágica, lo tenía todo.

O eso pensé.

Decidí comenzar como aventurero para ir ganando control y experiencia en mi nuevo cuerpo, mas la corrosión no tardó en hacerse presente y dos años después me encontré atrapado ante el dilema de conservar mi nuevo cuerpo limitando mi poder a un nivel que me colocaría apenas en el promedio de fuerza de un hombre bestia y el nivel mágico promedio de un elfo, o arriesgarme a perderlo en un nuevo advenimiento del gran conquistador de la antigüedad.

Cuatro años después de conseguir el poder de los flügel, me encontré nuevamente vagando por el mundo como un espíritu incorpóreo.

Mi última y única opción restante fue observar a la más débil de las razas, la raza humana.

Mis jurados enemigos, una raza tan corrupta que incluso los demonios los considerábamos una plaga para el mundo y la fuente de todo verdadero mal.

La raza humana, se caracteriza por su resiliencia. Débiles y con vidas tan cortas como un suspiro, son capaces de vivir y explotar casi cualquier medio ambiente de este mundo gracias a su astucia y capacidad para auto convencerse de que todo lo que hacen es correcto. Además su taza de reproducción supera en cincuenta a uno al resto de las razas como mínimo, lo que la hace la raza más extendida del planeta.

Hay muchas razones para vomitar ante la idea de convertirme en un humano, sumadas a las muchas desventajas de un cuerpo humano por si mismo. Sin embargo, en el caso de la raza humana, la apuesta se basa en una extraña peculiaridad de la misma. Una vez cada cierto tiempo, de entre los individuos que la conforman, surge uno con capacidades tan espectaculares que fue justamente uno de ello el que en realidad me derrotó en combate.

Mi esperanza estaba ahora reducida a mi capacidad de hacerme del cuerpo de los que los humanos llaman, “héroe”.

Quinientos años pasaron desde mi derrota, y desde que puse mis ojos en la raza humana unos cien, y en todo ese tiempo sólo encontré siete individuos con habilidades como las que buscaba.

Sin embargo, gracias a los primeros seis fracasos, mi séptimo intentó me llevó a un contenedor tan perfecto que, aunque no quisiera aceptarlo, parecía haber sido enviado por el creador mismo. En especial, porque ocurrió justo cuando terminaba de perfeccionar una técnica que me permitiría extender la vida y juventud de mi futuro recipiente para igualar la de los demonios.

La princesa Rosalía Minerva Altamirano, una hermosa joven humana cuya belleza se dice rivalizaba con las damas de las cortes del cielo y el bosque. Hija mayor del Rey de Altamirano, conocido con “El rey de las doncellas”, por su incapacidad de conseguir esposa que le diera herederos varones, ella sería coronada como la siguiente reina de una prospera nación en la costa del continente humano, cuyo trato comercial y político con las naciones del continente mágico y del archipiélago bestial le brindan una importante influencia en este mundo. Por no decir que está en magníficos términos con varias naciones enanas y élficas, además de ser de las pocas con contacto con los flügel.

Parece el destino que, la nación que ayudé a fundar como cazadora de monstruos y bestias mágicas por el corto periodo de vida que tuve como flügel, sea la cuna de mi destinado recipiente.

No perdí mi tiempo. Me movilicé a la capital de Altamirano, Ursuria, y en mi condición de espíritu, invadí el castillo real.

Observé y aprendí. Seguí a la princesa día y noche como su sombra, aprendiendo todo de ella, y buscando la oportunidad para conseguir lo que por tanto tiempo había buscado: regresar al mundo que por derecho propio me pertenecía a mi y a los de mi raza de origen.

La oportunidad se presentó por si sola, cuando el viejo rey cayó presa de una enfermedad que se llevaría con él a las pocas hijas que representaban un inconveniente para la coronación de Rosalía como reina.

La noche antes de la coronación, Rosalía fue encerrada en la capilla de La Estrella de Altamirano completamente sola, para así poder meditar y purificar su alma para el gran día.

—¿Qué-qué está pasando? —preguntó nerviosa al sentir mi presencia junto a ella en la sombría soledad de la capilla.

No respondí, no podía hacerlo aunque quisiera. Mi cuerpo semi-físico no era más que una gelatinosa masa conformada por incontables tentáculos y terminaciones sensoriales.

Ella gritó e intentó correr, mas, previendo la obvia reacción que tendría ante mi apariencia deformada, me materialicé frente a la única puerta del recinto, además de colocar una barrera mágica dentro del insignificante remedo de barrera protectora que habían colocado los magos de la corte real.

Pronto se encontró acorralada contra la pared del ábside. No tenía escapatoria.

Fue increíble la poca resistencia que ofreció. Por un momento incluso dudé de que ella fuera el recipiente que había estado buscado. Sin embargo, una vez expuesto, aun si mis poderes de detección mágica hubiesen fallado, no tenía más opción que deshacerme de ella. Aun si no fuese a ser más que un entremés en mi búsqueda del recipiente perfecto.

La rodeé con mis tentáculos y la atraje hacia mi. Estaba llorando. Pasé mis tentáculos por su rostro y sentí sus lagrimas, mas lo que me interesaba era sentir su piel, aun siendo humana, su belleza definitivamente rivalizaría y posiblemente superaría a la mayoría de las mujeres de cualquier otra raza.

Comencé a explorarla, exponiendo pequeños capilares capaces de distinguir el potencial físico y mágico de un cuerpo segregando un liquido conductor de magia sobre el mismo.

Ella era la indicada sin duda.

Por fin ofreció algo de resistencia cuando comencé a desvestirla, pero era sorprendente lo débil que era, considerando su potencial.

Desnudarla fue sencillo, considerando que mi físico no era del todo físico, manipularla como títere fue casi aburrido.

Ella suplicó, pero simplemente la ignoré. Mi premio estaba frente a mi.

Recorrí su cuerpo con mis tentáculos. Su deliciosa y suave piel de color níveo era irresistible aun para un antiguo demonio y un espectro sin ojos.

Ella gimió y continuó suplicando mientras continuaba estimulando su cuerpo, preparándolo para liberar su potencial en el instante en que tomara posesión del mismo.

Ella volvió a gemir cuando comencé a estimular sus zonas más erógenas, que irremediablemente son los puntos por los que mayor cantidad de magia se libera.

Suplicó y gimió. Gimió y suplico. Su respiración se volvió complicada, su corazón latió a máxima velocidad, su cuerpo se cubrió de una gran cantidad de sudor y su área más sensible comenzó a segregar un fluido con alto contenido de magia. Estaba lista.


Todos los derechos de la imagen aquí empleada pertenecen al creador/creadora original, si lo/la conoces, por favor apóyalo/apóyala. La imagen fue tomada prestada de: http://danbooru.donmai.us/posts/2765481


La forcé a separar su piernas y, sintiendo sus lagrimas llegar a mis tentáculos y suplicas reverberar en mi gelatinoso ser, me introduje dentro de ella.

—¡Ah! —gimió. Intentó un último contraataque, pero fue tan insigne como los anteriores. Estimulé su interior y ella comenzó a gemir cada vez más fuerte.

—Déjame, déjame, por favor, por favor —sus suplicas comenzaron a llegar directamente a mi mente, el vinculo comenzaba a formarse.

—¡¡Ah!! —un choque de placer llegó hasta mi ser cuando apreté los pechos de la princesa—. ¡Ah! —un nuevo choque de placer me inundó como ningún otro contenedor me había provocado.

Continué experimentando de aquel placer, disfrutando la sensación que cada uno de mis tentáculos y capilares me proporcionaba al estimular su cuerpo.

—Por… por favor… de… deja… me… ir…

—Insignificante humana —la voz de la princesa resonó en la capilla como nunca antes; sin embargo, no era mi autoridad lo que desprendía aquella voz. No, lo que desprendía era la ebriedad de aquel que siente el placer del contacto físico después de un largo encierro—. Deberías estar agradecida… ¡Ah!

—¡¿Qui-quién eres…?! ¡¿Qué eres?! ¡¡¿Po-por qué estas en mi cabeza?!! ¡¡¿Por qué hablas con mi voz?!! —nuestro cuerpo se estremeció de miedo y sus lagrimas corrieron por nuestro rostro, un placer que no había experimentado en más de un milenio.

—Yo soy el gran Alastor Kirshen, el Único Gran Rey de este mundo. Y tu, insignificante humana —me forcé a no gemir, a pesar de que podía sentir la saliva escurriendo por nuestra boca— deberías estar agradecida de haber sido elegida como mi nuevo recipiente. Tu cuerpo será el vehículo que me permitirá regresar a la vida y reclamar el trono que me pertenece como único y verdadero soberano de este planeta.

—¡No! ¡Por… por… por favor…! De… detente… no… quiero… no… quiero… ¡¡AAHH!!
Con un último gemido su mente se fundió en el placer que su cuerpo nos proporcionó cuando mi esencia llenó su interior. Su mente desapareció y el placer fue sólo mío. Podía sentir la restricción de mis tentáculos en mis brazos y piernas. Podía sentir los capilares estimulando mis pezones. Podía sentir mi piel liberando calor conforme mi esencia se fundía con mi nuevo cuerpo. Incluso utilicé uno de mis tentáculos para estimular mi nueva boca. Sin embargo, nada se compara al placer que sentí conforme mi yo espiritual se introducía a mi nuevo cuerpo por el área con más terminaciones mágica del cuerpo de una mujer humana.

—¡¡¡KYAAAAAAAAAAHHHHHHHH!!! —grité en éxtasis cuando tome control total de mi nuevo cuerpo.

Permanecí desnuda, recostada contra el frío piso de la capilla después de regresar a la vida. Era increíble volver a ver el mundo a través de ojos, de volver a escuchar con oídos y de sentir con una piel.

La fresca noche de primavera reconfortaba mi cuerpo aun caliente por la reencarnación al evaporar poco a poco los residuos del líquido conductor de magia que aun resplandecían sobre mi nueva piel.
Respirar, sentir sed, hambre, cada sensación me llenaba de felicidad, pero con el pasar de los minutos, logré tranquilizar mi nuevo corazón.

Me levante del frío piso y contemplando mi cuerpo desnudo sonreí.

Ningún cuerpo se había sentido así desde que comencé a poseerlos. Realmente podía sentir que este era mi cuerpo.

Pero para asegurarme de que este cuerpo no se corroería como todos los anteriores, decidí arriesgarme y utilicé un gran hechizo para variar.

El circulo mágico se dibujó en el aire con tanta facilidad que yo mismo me sorprendí. De él salió un enorme rino-golem de roca.

La bestia, confundida y asustada, arremetió contra mi al verme. Su gran cuerno de roca, capaz de lastimar incluso a un flügel, se rompió al chocar contra mi sin dejar siquiera un rasguño en mi piel. Además, sólo con mi pequeña y delicada mano, incapaz de cubrir siquiera la cuarta parte del diámetro de la base del ya inexistente cuerno, así como mi delgado brazo, aparentemente hecho para ser sostenido por un hombre, fui capaz de ejercer suficiente presión y fuerza para poner a la bestia de roca en posición vertical, con la cabeza viendo hacia el piso a la altura máxima que alcanzaba mi brazo por sobre mi cabeza.

Después de comprobar mi fuerza, volví a abrir el portal de transportación y lancé por él al rino-golem que había invocado segundo antes.

Estaba fascinada por los resultados. No sólo había empleado una absurda cantidad de magia para invocar a una poderosa bestia mágica, si no que lo había hecho manteniendo la barrera que colocara como espíritu. Además, la derroté simplemente reforzando mi cuerpo con el llamado “Töki-Demoniaco”. Y lo mejor de todo, no había ningún trazo de corrosión en mi nueva y delicada piel. Sin importar cuando buscara, cuantos espejos mágicos creara, mi piel permanecía inmaculada. Era la viva imagen de la belleza.

Satisfecha con mi primera prueba, me vestí con los ropajes que desprendí de la vieja Rosalía, y aproveché el tiempo que me quedaba en la capilla para pensar mi siguiente movimiento antes de tomar el trono como la Reina Rosalía Minerva Altamirano, y futura gobernante absoluta del mundo entero.

-- Fin --

* * *

Bueno, así termina esta pequeña historia de fantasía que espero les haya gustado.
Y por favor, no olviden dejar sus comentarios y calificar estas historias
que requieren de más tiempo que las usuales caption.

¡Hasta la siguiente ocasión!

(^u^) <3



7 comentarios:

  1. Pequeña historia, no se pero creo que tu y yo tenemos diferentes definiciones de pequeño, la historia me encanto,es lo máximo que puedo decir ya que nunca terminaria si me pongo a decir que fue lo que ne gusto.
    Estas historias que haces me gustan mucho puesto que eres muy creativa.Estoy con ganas de ver más historias como esta.

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    Respuestas
    1. Mmm... Una historia "larga" tendría capítulos, basicamente. XD

      Y muchas, muchas gracias por tus comentarios. Siempre me levantan el animo para continuar escribiendo (en español). (^^)/

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    2. Las gracias deben ser hacia ti, eres muy buena con estos temas teniendo en cuenta que tu haces una historia diferente y muy detallada desde mi punto de vista, cosa que muchos bloggers no hacen siempre repitiendo las tematicas y no poniendo esfuerzo a la hora de escribir, haciendo referencia en la ortografía tambien.

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  2. estabien pero como que te gustan mucholos tentaculos. seria buena una segunda parte que tiviera sexo con el hombres o monstruos eso de los tentaculos como que me gusta solo si despues hay sexo normal ya sabes pene y vagina esto lo digo desde un punto de vista personal, pero objetivamentes esta buena la historia aunque no me gusten mucho los tentaculos

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    Respuestas
    1. Entiendo y aunque no lo creas, tampoco soy fan de los tentáculos. Sólo ha resultado sencillo usarlos como excusa para salirme de lo cotidiano. XD

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