domingo, abril 23, 2017

Copy / Paste (Parte 1)

Todos los derechos de la imagen aquí empleada pertenecen al creador/creadora original, si lo/la conoces, por favor apóyalo/apóyala. La imagen fue tomada prestada de: http://danbooru.donmai.us/posts/2575164

¡Ah! ¡Ah! ¡Esto se siente mejor de lo que pensé! ¡Realmente no creí que esto fuera posible, pero lo es! ¡¡AAHH!!

Todo comenzó hace unos meses… No, quizá sería mejor decir que comenzó hace unos años, cuando la tecnología de respaldo neural comenzó.


Así es, todo comenzó cuando la tecnología le permitió a la humanidad conectar un pequeño dispositivo de almacenamiento directamente al cerebro y respaldar ahí sus recuerdos. Si bien es cierto que la tecnología fue creada originalmente para ayudar a pacientes con Alzheimer y demencia senil, las posibilidades que ofrecía hicieron que está inundara el mercado en razón de poco años. Y de esta forma la memoria dejo de depender de un órgano tan frágil como el cerebro.

Bueno, aquí debo aclarar que el cerebro sigue en funcionamiento casi sin cambios, a final de cuentas la tecnología es poco invasiva y bastante segura. Sin embargo aquí es donde lo imposible tuvo lugar.
Mi nombre es, o mejor dicho era, Eleazar, un magnate de la industria digital de casi noventa años. Mi vida fue buena, pero siempre estuvo dedicada a mis negocios y por consiguiente fue realmente triste descubrir en lo que mi familia se había convertido, un nido de sanguijuelas y lambiscones, necios y desesperados hambrientos por descubrir quien heredaría que al llegar mi hora.

Fue entonces que decidí hacer una apuesta y comenzar con la investigación “Copy/Paste”.

El proceso fue complicado en muchos sentidos. Pero con ayuda de algunos amigos de confianza, genios desconocidos que no sentían interés por el mundo material y que preferían condenarse al ostracismo y la miseria antes de vender sus almas por dinero. De hecho prácticamente ninguno de ellos se implantó el chip de memoria, tal era su aversión hacia el mundo que tanto querían dejar atrás.

La genialidad de su curiosidad y deseo de experimentar lo desconocido rindió frutos casi al final de mis días.

—¿Está seguro de que quiere hacer esto? —me preguntó el líder del pequeño grupo clandestino. Un joven de unos treinta y tantos, generalmente desaliñado y cubierto por el hedor de la hierba fumada.
—No he estado financiando este proyecto para no hacerlo.

—Supongo que tiene razón. Sin embargo, espero que entienda que, aunque funcione, esto no garantiza su vida, espíritu, alma o lo que crea que quiera preservar. Así que en realidad…

—Muchacho, no creas que no entiendo que esta apuesta no es ridícula en muchos sentidos. Ya estoy preparado para mi viaje al más allá. Esto lo estoy haciendo con sólo dos expectativas: Uno, ver si es posible o no. Segundo, de ser posible, fastidiar a mi familia por convertirse en lo que se convirtieron.

—Oh —se mofó—. Si sólo quiere fastidiar a su familia, porque no les quita todo y lo dona a la caridad o algo por el estilo. Incluso podría regalarle todo a algún competidor o simplemente prenderle fuego.

—Lo se, pero eso sería demasiado sencillo y llamativo, ¿no crees? Además, ¿qué podría ser más entretenido que arriesgarlo todo por una oportunidad de descubrir algo nuevo?

—Touché —se rio—. Entonces, ¿ya eligió a quién le legará el resultado de esta apuesta?

—Ciertamente, ya se quien verá los resultados o fallos de lo que quiero hacer.

—De acuerdo, entonces sólo dígame cuando quiere hacerlo y ahí estaré.

El plan prosiguió sin más. Proseguí con mi vida como estaba planeado y al cabo de dos años el tiempo me venció y la muerte llamó a la puerta sólo para decirme que era momento de actuar.

Estando en cama, llamé a mi amigo y convoqué a la más joven de mis nietas, una chica hermosa malcriada por el más torpe de mis hijos.

—¿Y tú quién eres? —le espetó con desdén a mi joven amigo cuando entró a la habitación y descubrió que habría un testigo presente para nuestra conversación.

—Minerva, este joven se llama Jackson y es el amigo que me ha ayudado a realizar los preparativos para mi partida —expliqué, pero ella no dejó de verlo con malos ojos. Por lo que decidí agregar—. Él es quien estaba guardando “la llave” para la persona que heredará la mayor parte de mi fortuna una vez que parta.

—¡Oh! No lo sabía, disculpa mi rudeza —se disculpó mi nieta con toda la hipocresía de alguien que sólo busca su propio beneficio.

—No te preocupes, yo sólo estoy feliz de deshacerme de esta carga de una vez. A final de cuentas hacerle este favor a Alejandro me ha tenido intranquilo en mi barril por mucho tiempo, cuando yo sólo quería algo de sol —me dirigió una mirada sarcástica ante la confusión de mi nieta.

—De acuerdo —mi nieta prefirió acelerar el momento incomoda—, entonces, ¿eso significa que piensas darme esa llave a mi ahora, abuelo?

—Así es, Minerva, después de considerarlo por un tiempo creo que tú eres la mejor candidata para heredar “la llave”.

—¡Abuelo! —corrió a abrazarme—. Créeme que no te defraudaré. Pero, ¿y dónde está la llave?

—“La llave” es el chip de memoria de tu abuelo —apuntó mi amigo— Y la ayuda que le di es encriptación de nivel militar de sus recuerdos y del cincuenta y cuatro por ciento de sus activos, a los que sólo él heredero podrá acceder con la información en el mismo.

—¡Jackson!

—Lo siento, lo siento. Pero empiezo a sentirme incomodo en esta situación.

—Entiendo.

—Disculpen, ¿podría alguien decirme qué está pasando? —inquirió mi nieta.

—Jackson, ¿podrías terminar la explicación entonces?

—Okay, esta es la situación. El chip de tu abuelo está ahora protegido de tal forma en que los archivos clave no pueden ser accesados de forma remota ni con una interface estandarizada —explicó, pero mi nieta parecía cada vez más confundida—. Para hacerlo simple —suspiró—, la única forma de acceder a esa información en este momento, es por medio de un trasplante que en caso de fallar, hará desaparecer toda esa fortuna en el limbo digital.

—¡¿Qué?! ¡¿Có-cómo que se perderá mi… la herencia?!

—Podrías relajarte —se quejó.

—Pero estamos hablando de mucho…

—¡Lo sé! ¡Quién crees que lo encriptó para tu abuelo!

—…

—Hice el sistema para que ni yo tenga acceso. Sin embargo el procedimiento de desencriptado es relativamente sencillo. Lo único que tengo que hacer es sustituir tu chip por el de tu abuelo y el proceso iniciará sólo. Sin embargo, el proceso aunque sencillo es tardado. Tomará unos dos meses y durante ese tiempo, si algo le pasa al chip, todo se perderá.

—En-entiendo, ¿pero qué podría pasarle al chip?

—El proceso podría dejarte un poco confundida… Digamos que dependiendo de que tan sensible seas, podría ser con un mal viaje. ¿Entiendes? Y en ese estado de confusión intentas removerlo, toda tu herencia se irá al traste.

Mi nieta tragó saliva.

—Honestamente, no me importa lo que suceda con esa absurda cantidad de dinero, pero Eleazar, tu abuelo, me dijo, que su heredero, mejor dicho heredera, podría hacer grandes cosas con él y que debía asegurarme, en la medida de lo posible, de que el mismo llegara a dicha persona, así que dime, ¿quieres aceptar la responsabilidad, no? —declaró estricto e irritado.

—Minerva, la responsabilidad de cargar con la mayor parte de la herencia podría ser mucha para ti —traté de tranquilizarla—. La verdad es que el resto de mi fortuna ya está equitativamente distribuida entre la familia, por lo qué, aun si no aceptas está responsabilidad, tu seguro estará asegurado.

—No. Si tu has confiado en mi, trataré de enorgullecerte abuelo —declaró con codicia en sus ojos—. Así que aceptaré la carga de la mitad de la herencia con lo has querido.

—Bueno, si ya está decidido. ¿Quieren comenzar? —preguntó mi amigo con apariencia cansada.

—De acuerdo —acepté.

—Okay, ahora sólo recuerden, ustedes dos, que esta es una apuesta de todo o nada. No hay segundas oportunidades. ¿Así que están seguros de esto?

—¡Hazlo de una vez, que me estoy poniendo nerviosa! —exigió mi nieta, dándole la espalda y levantándose el  cabello, para exponer su nuca y así remover el chip neural.

—Okay, Okay, sólo tenia que confirmar —declaró mi amigo y le retiró el chip.

—Ahora te colocaré el de tu abuelo. El chip de él tiene aun capacidad para cuatro meses, por lo que no tendrás problemas para almacenar información en lo que dura la descarga. Mientras tanto, aquí tienes tu certificado de actualización de chip y tu chip —dijo entregándole una tarjeta a mi nieta, junto con el contenedor de su recién retirado chip—. Ahora anciano. Es hora de hacerlo —me informó Jackson, retiró mi chip y lo instaló en el puerto de mi nieta.

. . .

Si les gustó la introducción, por favor esperen la continuación.
Y no olviden dejar un comentario para aumentar mi motivación.
Hasta el siguiente capítulo.



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