viernes, marzo 17, 2017

El final de un Vaquero

Todos los derechos de la imagen aquí empleada pertenecen al creador/creadora original, si lo/la conoces, por favor apóyalo/apóyala. La imagen fue tomada prestada de: https://alpha.wallhaven.cc/wallpaper/246506

Apenas puedo cree que esto esté pasando. ¿Quién pensaría que la muerte haría esto conmigo?

Ya ha pasado un año desde mi muerte y puedo decir sin más que realmente he muerto en todos los sentidos. Sin embargo, te has de estar preguntado, ¿cómo puedo hablar así, si estoy muerto?

La respuesta está en lo que pasó en el instante en que morí.


Cuando aquel fatídico accidente se llevó mi vida, como buen cristiano, creí que mi alma sería llevada al cielo. O al menos creí que mi ser se fundiría con lo divino en medio de una resplandeciente luz celestial. Pero ese no fue el caso.

Al principio pensé que quizá Dios me estaba castigando, pues sólo los que no son aceptados en su reino se convertiría en fantasmas,  ¿no es así?

Pero este no fue el caso.

No puedo probarlo en realidad, pero el convertirse en fantasma no parece un verdadero castigo o una prueba que afrontar, simplemente es algo que pasa, o eso quiero creer. Jamás me topé con otro fantasmas por el corto momento en que fui uno de ellos.

¿Por qué digo “fui”?

Porque sólo cuatro meses después de mi muerte ocurrió.

Yo estaba deambulando por mi granja, por aquellos campos que tanto amaba y que sin mi dirección comenzaban a estar en problemas. Fue entonces que me encontré a mi hija y al mejor de mis vaqueros teniendo una fuerte discusión sobre el futuro de la granja.

Al parecer mi hija pretendía venderla.

No pude culparla, pues a final de cuentas, desde muy pequeña dio signos de no disfrutar de la rústica vida del campo.

Fue triste escuchar aquella discusión. Sin embargo, ya que la granja no contaba con un buen administrador, aun con el trabajo y el esfuerzo de todos mis hombres, sería imposible mantenerla a flote.

No había nada más que hacer y al aceptar la realidad me acerqué a mi hija para darle un abrazo, suponiendo que al no tener más pendientes en este mundo, por fin podría partir. Pero en lugar de atravesarla, como en todos mis intentos previos, fui succionado dentro de ella.

Desperté tres días después. Esta desorientado y confundido. A fin de cuentas, era extraño perder la conciencia al ser un fantasma.

Mas las sorpresas sólo habían comenzado a apilarse. Pues una vez que estuve completamente despierto, pude sentirlos. En mi pecho había dos orbes que jamás había sentido en mi vida. Así mismo, ahora tenía cabello rubio acariciando mis mejillas y cuello.

Me había convertido en una mujer, pero no fue si no hasta que salté de la cama en pánico y me vi en un espejo que descubrí que me había convertido en mi hija.

No voy a ahondar en lo que hice en ese momento por respeto a mi hija. Pero lo que puedo decirles es que una vez que me acostumbre a su cuerpo y logré convencer al medico de que nada grave ocurría con mi cabeza, comencé a ayudar en la granja.

Aquí es donde puedo aclarar que esto no fue una segunda oportunidad en realidad. Jamás me atrevería a decir que una mujer no puede trabajar en una granja, pues hay mujeres más que capaces de hacerlo. Sin embargo, a las pocas semanas fue obvio para mi que, mi hija no estaba hecha para ello. Sin importar cuanto lo intenté, fue imposible seguirles el paso a mis hombres, quienes parecían más que dispuestos a ayudar me tras “mi cambió de personalidad”.

Después de tirar la toalla. Andrés, el hijo de mi mejor capataz y mi mejor vaquero, se acercó a mi y me dijo, que estaba bien si aceptaba la oferta de venta. Que después del esfuerzo que había demostrado, nadie se quejaría diciendo que no lo intenté.

No se si fueron sus dulces palabras o su pecho expuesto bajo su camisa abierta, pero sin decirle absolutamente nada, me acerqué a él, puse mis manos en su pecho y lo recorrí hasta envolver su cuello, el cual atraje hacia mi para besarlo.

El beso fue primero de labios y el segundo de lengua. Pronto, nos encontramos viéndonos a los ojos en un pesado silencio a una distancia en la que podíamos sentir el aliento del otro en nuestros rostros.
El me tomó por la cintura y yo prácticamente salte sobre él.

Esa noche hicimos el amor.

Fue extraño sentir como acariciaba mis pecho, como lamía mis pezones. Fue estimulante sentir sus enormes manos recorrer mi delicada piel y sentir sus labios contra los míos. No se cuantas veces dejé de respirar al sentir sus manos en mis largas piernas. Y no quiero aceptar los fuerte que gemí al ser penetrada una y otra vez.

Estaba en éxtasis y en ese momento de iluminación celestial, tuve una idea…

A la mañana siguiente, todo haba cambiado para mi en más de un sentido. Fue como si me hubiese convertido realmente en mi hija.

No es que eso tenga algo de malo, pero desde que desperté había estado usando botas y jeans cómodos para el trabajo y una blusa poco reveladora. Pero cuando intenté ponerme la ropa de trabajo, un extraño deseo me obligó a dejarla de lado para ponerme algo más femenino y revelador.
Esa fue la primera vez que utilicé aretes y me apliqué algo de maquillaje desde que me había convertido en mujer.

Honestamente mi primer acercamiento no fue una explosión de feminidad. En realidad el proceso fue gradual, pero con el pasar de los días fue más y más fácil. Si lo pienso bien, realmente fue como si siempre hubiese sido una mujer. Y de hecho ya no puedo vivir sin usar tacones a diario.
Mas se estarán preguntado, ¿qué pasó con la granja?

Esa noche después de hacerlo con Andrés, acepté que me sería imposible ser como “mi padre”, pero que si ellos lograban resistir hasta que aprendiera los va y vienes de la administración, tal vez podríamos lograrlo.

Eso fue hace cuatro mese y ya que más que aprender, sólo fue una actualización de los conocimientos con los que manejé la granja mientras vivía, pueden estar seguros de que las cosas van viento en popa nuevamente.

 Si bien, mi muerte fue el final de un vaquero, también fue el nacimiento de una sexy administradora. Aunque debo decir que, aunque tentador, jamás he utilizado la belleza de mi hija para engañar a los hombres para conseguir lo que deseo como ella a veces hizo, o eso quiero creer. Pues después de todo, una vez que las cosas comenzaron a estabilizarse, decidí formalizar mi relación con Andrés como Dios manda.

Con lo que ahora puedo estar aquí, recostada en el verde césped, disfrutando de la vista de estas tierras que el Señor me dio mientras espero a mi prometido para poder hacerlo toda la noche.



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