domingo, febrero 26, 2017

Una Segunda Oportunidad





Todos los derechos de la imagen aquí empleada pertenecen al creador/creadora original, si lo/la conoces, por favor apóyalo/apóyala. La imagen fue tomada prestada de: http://www.poringa.net/posts/imagenes/2670930/Photoporn-random-04.html

Esto es sin duda un milagro.

Hace ya tiempo, en realidad no puedo saber cuanto, yo era un hombre común  corriente. Tenia un empleo y jamás rompí alguna ley. Aunque también era muy aburrido, un ratón de biblioteca.

Pero todo eso cambió cuando morí.

Así estoy, estoy muerto… O algo por el estilo.

Ni siquiera sé que fue de mi cuerpo. Todo fue muy repentino y cuando recobré la conciencia de mi, ya era un espectro.

No sabría como describirlo, pero supongo que una vez que eres una sombra errante eso es irrelevante.
Acostumbrarse a la inmaterialidad no es difícil, pero acostumbrarse al fluir del tiempo no tanto. En realidad es aburrido.

No se por cuanto tiempo esperé a que apareciera una luz o alguna sombra oscura a llevarme, pero nada pasó. Y fue entonces que en realidad comencé a experimentar la nueva vida que se me había otorgado.

Ustedes se preguntarán por que hablo de “nueva vida” si estoy muerto, ¿no?

La razón es simple, jamás estuve más vivo.

Sin restricciones, sin responsabilidades, sin consecuencias y lo más importante sin ambiciones. Cuando estas vivo siempre ambicionas un futuro mejor, feliz; sin embargo, cuando estas muerto, eres libre de disfrutar del presente, de atesorarlo y de hacer con el lo que quieras.

Es posible que te preguntes «¿Cómo?». Es normal, mas la respuesta le pertenece a cada quien. Al fin y al cabo, estar muerto es libertad.

En mi caso, como un virgen de cuarenta años, comencé a vagar por el mundo observando mujeres hermosas. Y puedo decir que hay muchas.

Debo apuntar que muchos creen que sin un cuerpo el libido no puede aflorar, pero la verdad es que sin uno el placer sexual es aun más intenso, pleno, casi absoluto. Pero hay una cosa que no puede hacer: satisfacer la curiosidad de no ser tu mismo.

Ciertamente no hay hombre que no se haya preguntado lo que se siente ser mujer. Sentir la suave piel, el calor, la elasticidad, el aroma y la sutileza de lo que implica ser una.

Pues bien, esa misma curiosidad es lo que me llevó a acercarme a Melanie.

Con su no muy largo cabello negro ondulado, su piel blanca, sus suaves y no tan grandes pechos, fue irresistible.

Cuando la observaba desde el plano espiritual desee ser ella, realmente quería ser ella. Quería poder sentir como mío tan bello cuerpo.

Fue entonces que mi esencia flotó dentro de su cuerpo.

La disputa por el control duró poco. Ella estaba cansada después de un largo día de trabajo y yo estaba ansioso por disfrutar del calor de un cuerpo vivo.

Aun puedo recordar la exhalación que salió por esos dulces labios cuando ella se quedó dormida como un huésped en su propio cuerpo mientras yo tomaba el control.

Estaba emocionado, su cuerpo ahora era mío, sus sentidos ahora me estimulaban a mi, yo era la nueva Melanie.

Una vez que el placer de tomar el control pasó, deslicé la cremallera de mi blusa y, mordiendo mi labio para acallar mi deseo, tomé mis pechos entre mis manos y exprimí el placer de ellos.


El tibio calor de aquel estimulo inundó mi cabeza y casi inmediatamente comencé a desvestirme. Primero la blusa, después la falda y por ultimo desenfundé mis hermosas piernas de su envoltura de nylon negro.

Estar en aquella hermosa habitación vistiendo nada más que mis bragas me excitó sobre manera. No podía esperar a explorar las peligrosas curvas que mi nueva piel nívea cubría.

Jugué con mis pechos y acaricié mi hermoso trasero. Recorrí mis largas piernas y mi estrecha cintura. Sentí mi cuello y mis labios. Todo era mío en ese momento.

Me quité las bragas y me dejé caer en la suave cama. Aspiré su aroma y abracé una almohada antes de darme vuelta y comenzar a estimular mi nueva región inferior.

Era suave, sensible y terriblemente excitante, pero a la mala descubrí la importancia de la lubricación.
La saliva fue mi solución. Lo dudé por un segundo, pero sentir mi sabor impregnado en mis dedos me excitó más. Lamí mis dedos una y otras vez, hasta que el sabor desapareció de ellos y estos quedaron totalmente humedecidos, mientras mi otra mano continuaba estimulando la suave piel que protegía la entrada al placer.

Deslicé mis dedos húmedos dentro de mi y la fría humedad robo un gemido de placer tortuoso de mis labios.

Estimulé mi interior, ahogando cada gemido, hasta que el frío se derritió ante el calor fluyente de mi interior.

Primero fue lento, después fue rápido y después no importó más, sólo continué y continué hasta que en mi cabeza no quedó más que blanco y cálido placer.

No se cuantos orgasmos alcancé antes de estar satisfecho, lo único que sé es que cuando tuve suficiente me encontré nuevamente flotando en la vacuidad del olvido sopesando quien me daría acceso al mundo de los vivos una vez más para seguir disfrutando de esta segunda oportunidad de ser feliz.

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