martes, octubre 18, 2016

Costume Gun 02

Todos los derechos de la imagen aquí empleada pertenecen al creador/creadora original, si lo/la conoces, por favor apóyalo/apóyala. La imagen fue tomada prestada de: https://plus.google.com/+MarinaMEGA...

Dedicada a Tom R.

—Oh, diablos —musitó Alberto al despertar y darse cuenta de la hora. El joven no podía creer el enorme error que había cometido.

Tan solo tres días antes, Alberto había sido un adolescente común y corriente, salvo por el pequeño juguete que había encontrado un día al regresar de la escuela, una auténtica Costume Gun.

Al principio Alberto había utilizado la pistola para transformarse en algunos tipos musculosos, pero un día, aburrido, decidió usarla con su madre.

Melinda, su madre, aun estaba entrando a los treinta y su figura era de envidiar, al grado de que mucha gente llegaba a creer que eran hermanos, en vez de madre e hijo.

Al principio, Alberto estuvo receloso de hacer algo más que explorar el cuerpo de su madre; sin embargo, una vez que tuvo el valor de salir y aprovechar los encantos de su madre en el exterior, simplemente no pudo detenerse.

Cada viernes, cuando su madre regresaba del trabajo, Alberto la convertía en un disfraz y en cuestión de minutos, se colocaba la piel vacía y se convertía en ella para después prepararse para salir y disfrutar de la vida social a la que su madre había renunciado después de ser madre adolescente, a pesar de que hasta cierto punto, con él en plena adolescencia, ya era libre de regresar al mundo nocturno de la soltería.

La rutina era simple, divertirse en los antros, conseguir algún hombre con quien disfrutar la sexualidad de una mujer durante el fin de semana y regresar a su madre a la normalidad el domingo por la noche.

Pero después de tanto tiempo, Alberto había cometido un error. Agotado por un fin de semana de juerga alocada, se había quedado dormido y al despertar ya era lunes.

Muchos no sabrán esto, pero algunas Costume Gun tienen limite de tiempo, y según el cronometro en la de Alberto, él tenía sólo cincuenta y dos horas, lo que significaba que…

—¡No puede ser! —exclamó al intentar quitarse el disfraz y darse cuenta de que básicamente estaba intentando quitarse el rostro—. ¡No! ¡NO! ¡Esto no puede ser! —se quejó—. Estoy atrapado en el cuerpo de mi madre para siempre… Aun que supongo que podría ser peor, ¿no? —se dijo a si mismo mientras se consolaba acariciando sus ahora propios pechos no sabiendo si reír o llorar.

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